Castillo de Chenonceau

Muy bien la historia, pero... Chenonceau, fue el primer castillo que visité en agosto de 2004, ese año visité alguno más de los que algún día os hablaré. Lo primero que me lamó la atención, es el pasillo arbolado que hay para entrar. Un paseo por el que respira fresco y que termina en un par de esfinges que protegen la salida al castillo, y ya, fuera del andador, completamente al aire, podemos observar la edificación, que la verdad ¡defrauda un poco porque no es muy grande!, quizá esperaba un gran castillo en el que se llvaban a cabo afrentas... pero la verdad es que eran "casas" en las que habitaban sus señores y no siempre.
Ese primer impulso se vió eclipsado, por la belleza y por lo raro de su diseño, ya que es un puente construido sobre el río Cher. También, relaja un paseo por sus dos jardines, uno dedicadoa la mujer de Enrique II, Catalina de Medicis, y otro a su amante Diana de Poitiers.
Pasear por las estancias, es gratificante, ver las habitaciones, los tapices, cuadros... con perfectas combinaciones de color y exquisitamente cuidado. La capilla también es una preciosidad, aunque sencillita... ¡bueno es un capilla no una catedral!.
Pasear por el pasillo central del castillo, es una sensación diferente, al estar sobre el río, que pasa majestusos, y al otro lado del castillo, un gran bosque para cazar. Para terminar la visita, me di un paseo por una granja que está fuera del castillo, que al parecer era de los labriegos que abastecían al castillo, fue como sumergirse en otra época. Para terminar, de nuevo paseo por el parque hasta llegar a mi moto (de aquella una suzuki GS500), que me llevó hasta allí sin fatiga.
Merece la pena, darse un paseo por los Castillos del Loira. Castillos que están cuidados de manera impecable, y que en cierto modo da envidia del trato que tiene. Es muy recomendable, si se tiene unos días aparecer por allí